jueves, 13 de septiembre de 2012

Por qué las mujeres todavía no pueden tenerlo todo


Es hora de dejar de engañarnos, dice una mujer que ha dejado una posición de poder: las mujeres que han conseguido ser tanto madres como top profesionales son superhumanas, ricas o autónomas. Si realmente creemos en la igualdad de oportunidades para todas las mujeres, esto es lo que tiene que cambiar.

Así comienza Why Women Still Can't Have It All (Por qué las mujeres todavía no pueden tenerlo todo), un artículo aparecido en la revista estadounidense Atlanta redactado por la ex responsable de la unidad de análisis y planificación del Departamento de Estado de EE.UU, Anne Marie Slaughter. Después de dos años en este puesto que consideraba su trabajo ideal deja su posición de poder para pasar más tiempo con su familia y nos cuenta todo lo que ha aprendido por el camino.

Podéis leer la traducción completa del artículo en el blog de Conciliación Real Ya pinchando aquí.
(Es un poco largo pero merece la pena.)
DIECIOCHO MESES EN mi trabajo como la primera mujer directora de planificación política del Departamento de Estado, un trabajo de ensueño de política exterior que remonta sus orígenes a George Kennan, me encontraba en Nueva York, en la reunión anual de las Naciones Unidas de todos los ministros y jefes de Estado extranjeros del mundo. En una tarde de miércoles, el presidente y la señora Obama ofrecieron una recepción llena de glamour en el Museo Americano de Historia Natural. Tomé un sorbo de champán, saludé a los dignatarios extranjeros, y me relacioné. Pero no podía dejar de pensar en mi hijo de 14 años de edad, que había comenzado el octavo curso tres semanas antes y ya estaba reanudando lo que se había convertido en su patrón de no hacer los deberes, interrumpir las clases, suspender las matemáticas, y rechazar cualquier adulto que intentara ofrecerle una mano. Durante el verano, apenas habíamos hablado el uno con el otro - o, más concretamente - apenas me había hablado a mí. Y la primavera pasada había recibido varias llamadas de urgencia-, invariablemente en el día de alguna reunión importante - que me había obligado a tomar el primer tren de Washington, DC, donde trabajaba, de vuelta a Princeton, Nueva Jersey, donde él vivía. Mi marido, que siempre ha hecho todo lo posible para apoyar mi carrera, cuidó de él y de su hermano de 12 años de edad durante la semana; fuera de esas situaciones de emergencia a mitad de semana, iba a casa sólo los fines de semana...

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